

algo para la muerteSangre en la luna de besos desaparecidos, flébiles notas de vientos frágiles que entonan una oscura y desgraciada melodía en un rostro de muerte. No se que es lo que hace que me vuelva para admirar la tétrica dulzura de un lamento de noviembre en las lóbregas llanuras de mi entristecido corazón. Los sentimientos afloran encarcelados en una prisión macabra llena de sombrías incertidumbres acerca de mi situación , en el cielo con un ángel de alabastro o en el infierno con un hermoso ángel caído e insufrible.La leyenda que en el misterioso cerebro se me antoja imposiblemente real , en ealgo para la muerte


noche de amor y sangre-¿Qué es lo que haces Amadeo? La tristeza te turba y agobia, te hiere y anula tu voluntad. Dime como y de que modo podría librarte de esta flébil carga que amenaza tu quejumbroso corazón.noche de amor y sangre
-Ssssh! ¿No oyes, no escuchas? El viento azota las copas de los lejanos cipreses que emiten un casi imperceptible quejido. El silencio de la noche es cortejado sensualmente por los lúgubres aullidos que provienen desde la profundidad de aquel oscuro bosque. ¿No atisbas, no observas? La luna llena clava sus angostos y blanquísimos rayos como puñales en nosotros. La bruma y la nieb


La bella en su alcobaV(La Bella en su alcoba)La bella en su alcoba
El gélido viento de media noche penetraba en la luctuosa alcoba. La luna brillaba tristemente
con un resplandor débil y ténue.
Y Ella blanquísima, bellísima, delgada e inocente; de pupilas verdes
y carnosos labios angelicales.
La bella estaba agarrada, asida con ambas manos
al gótico dintel del umbral
de la lóbrega habitación a la que temía entrar.
Era de su propia alcoba
de la que tenía miedo. Pues en su lánguido lecho yacía


rimasI Niebla sobre el espectro nocturno, nebulosas cruces de gélido hielo, brumas de sangre y angosto miedo y sobre el cementerio las sombras surco.rimas
Susurro muerte en los oídos inocentes, me muestro pálida a los extraviados que caminan por páramos solitarios con mortajas siniestras y transparentes.
Soy la dama del Valle de La Melancolía,
levito con la ventisca y la tormenta, susurro con suspiros de fría menta. Vago por las noches, duermo por el día.
Nadie recuerda ya mi siniestro nombre, nadie recuerda ya m
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